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Apuntes de asignatura> Fecha de Publicación:
El valor del diálogo. 2009-01-08 13:13:08
Como parte del curso: Problemas del mundo contemporáneo, se aborda el tema del diálogo, como la herramienta más básica e importante, para resolver los conflictos humanos.

  

EL VALOR DEL DIÁLOGO.         

            Daniela Rodríguez Alcocer*

 

            El mundo actual está transformando valores muy importantes y esenciales para la convivencia humana. Nos preocupamos más por el bien personal que por el bien común, nos escuchamos sólo a nosotros mismos, pensamos que lo que hacemos y decimos es lo mejor, velamos por nuestros propios intereses. Dejamos a un lado a los otros porque pensamos que somos autosuficientes y que ellos sólo nos perjudicarán, que no permitirán nuestro desarrollo.

            Las personas humanas necesitamos comunicarnos con los demás, expresar nuestras inquietudes, dichas, alegrías y por otro lado las tristezas, temores y fracasos. Cuando nos ocurre algo bueno o malo, no podemos guardarlo para nosotros mismos, necesitamos compartirlo. Es necesario que alguien nos escuche, nos retroalimente, sea eco de nuestras palabras, se preocupe por nuestro bienestar y nos pueda aconsejar.

 

            Para poder abrirnos totalmente a otra persona, necesitamos que ésta sea de nuestra confianza; que demuestre interés en nosotros y nos brinde los principios del afecto. Si la persona se encuentra distraída, encerrada en sus problemas y pendiente de otras cosas, no podremos sentirnos escuchados. El diálogo entre los humanos es vital, todos necesitamos mantenerlo, no es fácil, porque implica esfuerzo. Es importante encontrarnos en el lugar indicado,  apartado de nuestra computadora, celular, teléfono, música, etc., que pueda interferir; que ambas partes controlen sus emociones, mantener un tono normal de la voz, permanecer callados cuando el otro habla, ser tolerantes en los momentos que lo ameriten y mantener una postura adecuada; todo esto para estar atentos a lo que nos están diciendo.

 

            No sólo nos comunicamos para que los demás escuchen nuestras vivencias, también lo hacemos para resolver conflictos o disgustos que tenemos con otros. Cuando estamos muy enojados, nuestras emociones y sentimientos están tan exaltados que se nos nubla la razón, ésto hace imposible mantener un diálogo. Al intentar hablar con la otra persona, aunque ésta esté tranquila no se llegará a ningún acuerdo. Discutirán, serán intolerantes, se dejarán llevar por las pasiones, no aceptarán sus errores y cada uno pensará que tiene la razón; posiblemente llegarán a las agresiones físicas, psicológicas o verbales. Es muy común que en esos momentos los involucrados digan incoherencias, palabras inciertas o hirientes que ocasionan un mayor enojo al otro y por consiguiente la prolongación del conflicto.

 

            Lo anterior puede suceder en todas las relaciones que establecemos a lo largo de nuestra vida, en amistades, noviazgos, matrimonios y trabajos. Para mantener sanas y duraderas relaciones, necesitamos comunicarnos por medio del diálogo. La mejor manera de tenerlo es cara a cara, escuchando la voz del otro, mirando sus gestos y ademanes, para así poder entender lo que nos está diciendo y no mal interpretar las palabras, cosa que puede suceder si estamos hablando por teléfono o peor aún en el chat. A veces no es fácil expresar lo que sentimos por medio del habla, pero con simples gestos podemos dar a entender lo que tenemos, queremos y necesitamos. Una lágrima, una sonrisa, un fruncimiento del ceño, un levantamiento de cejas o la dilatación de los ojos; a estos gestos podemos brindarles una respuesta, ya sea con palabras u otros gestos.       

 

            En ocasiones lo único que necesitamos es una muestra de afecto, que implique no hablar ni escuchar, solamente sentir. Cuántas veces nos ha ocurrido que lo único que queremos es un abrazo sincero, que puede tener muchos significados: "aquí estoy", "no te preocupes", "problema resuelto", "sé feliz", "bienvenido", "te extrañaré", "te quiero", "te amo"… Muchas relaciones terminan por no haberle dado al otro lo que necesitaba, o la oportunidad de exponer lo que sentía o pensaba; no hay tiempo ni espacio para esos momentos tan necesarios, en los que hay que actuar de manera solidaria con el otro, ponernos en sus zapatos y escucharlo atentamente.

 

            La solidaridad es un valor muy importante y esencial en la vida humana. Cuando alguien nos pide ayuda, que lo escuchemos, le demos un consejo, unas palabras de ánimo o un gesto de cariño; al hacerlo, estamos actuando solidariamente. Siempre y cuando lo hagamos con el corazón, sin esperar nada a cambio y pensando que lo hacemos por el bien de nuestro prójimo, dándole lo que nos pide porque nos ponemos en su lugar. Nadie está exento de necesitar a alguien, por naturaleza siempre hemos vivido en conjunto porque solos no podríamos salir adelante, somos seres sociales y como tales, nos comunicamos. Nuestra comunicación es única, ya que ésta debe de tomar en cuenta los valores únicos y especiales del ser humano, entre ellos, el antes mencionado.

 

            Para poder entender mejor al otro, es necesario que lo hagamos parte de nosotros, que pensemos que su bienestar es nuestro bienestar y su malestar es nuestro malestar. Al tomar conciencia del otro, nos importa tanto, que primero estará él y luego nosotros; como la actitud que toman los padres hacia sus hijos. Tan importantes serán los demás, que antes que nos digan que les ocurre, nosotros sabremos qué es lo que necesitan. Cuando todos nos demos un tiempo para convivir con los demás, dejando a un lado nuestros propios intereses y nuestro interés sea el otro, quiere decir que ya entendimos el sentido de la solidaridad y que podremos mantener relaciones gracias a que entablamos diálogos y no conversaciones superficiales y convenencieras.   

 

 

*Daniela Rodríguez Alcocer es estudiante de Primer Semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Familia, de la Universidad Anáhuac Mayab.

daniela_r9@hotmail.com